El primer River de Astrada es el último que, para mi gusto, sabía a que jugaba y aspiraba a lo que la historia del club le exigía. Luego sucedieron técnicos que por diferentes motivos no encontraron las herramientas adecuadas, y sólo uno supo no depender de ellas: Diego Simeone.
Él armó un plantel con la mentalidad que se necesitaba para ser campeón, pero le faltó algo importante para los hinchas de River, jugar bien. No quedará en la memoria del futbolero ese equipo, pero mucho más no se podía pedir. Sobre todo, por lo que vino después.
El rendimiento futbolístico, que cae día a día más profundo, es la consecuencia de años con un mal manejo dirigencial. Y ni siquiera me refiero exclusivamente a lo administrativo. Hubo decisiones que, por más que le des vueltas y vueltas, no se le encuentra sentido (¿qué hicieron Tuzzio y Gerlo para ni siquiera merecer tener un lugar en el plantel con la defensa actual?), y suman a esta debacle de un equipo que, en los noventa, humillaba a todos y cada uno de los rivales, y ahora la sensación es todo lo contrario. Tanto es así, que hoy parece que si empatas con River en el Monumental es un pésimo resultado.