martes, 28 de septiembre de 2010

La fragilidad de Ortega

Ariel Ortega es la figura de River, más por sus antecedentes que por su actualidad. Sin embargo, esta realidad millonaria transformó al Burrito en un jugador imprescindible para el conjunto de Núñez. Sus intermitencias y su capacidad física en decadencia son suplantadas por su personalidad y experiencia, aunque el equipo quede supeditado a su peligrosa dependencia.

Sus problemas personales hicieron su carrera más irregular de lo que merecía su talento. El paso conflictivo por Turquía lo dejó fuera de las canchas y cerca del retiro. Posteriormente, durante su magra participación en el ascenso, sumó más expulsiones que goles y pareció demostrar no tener nivel para retornar a la Primera División. Luego, en su último regreso a River, no cesó de faltar a los entrenamientos por sus problemas de alcoholismo y repitió las fallas que lo habían dejado lejos del club en 2008, después de salir campeón bajo la dirección técnica de Simeone.

El presidente Daniel Passarella y el técnico Ángel Cappa no se cansan de elogiarlo y de reiterar su interés humano por sobre el futbolístico. Ahora, los resultados en el torneo consiguieron ocultar sus bajones anímicos, pero la posibilidad de que esto varíe convierte a River en un equipo vulnerable e inconsistente.