Sus problemas personales hicieron su carrera más irregular de lo que merecía su talento. El paso conflictivo por Turquía lo dejó fuera de las canchas y cerca del retiro. Posteriormente, durante su magra participación en el ascenso, sumó más expulsiones que goles y pareció demostrar no tener nivel para retornar a la Primera División. Luego, en su último regreso a River, no cesó de faltar a los entrenamientos por sus problemas de alcoholismo y repitió las fallas que lo habían dejado lejos del club en 2008, después de salir campeón bajo la dirección técnica de Simeone.
El presidente Daniel Passarella y el técnico Ángel Cappa no se cansan de elogiarlo y de reiterar su interés humano por sobre el futbolístico. Ahora, los resultados en el torneo consiguieron ocultar sus bajones anímicos, pero la posibilidad de que esto varíe convierte a River en un equipo vulnerable e inconsistente.