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lunes, 7 de junio de 2010

El declíve de los "grandes"


Los denominados grandes del fútbol argentino, algunos más otros menos, han atravesado en el último lustro una etapa de decadencia y las circunstancias no dan indicios de que ésta haya terminado.

El fútbol mundialmente se ha equiparado y de esto no está exento el argentino. Pero al margen, hay otros factores culturales que repercuten en Argentina particularmente.
La presión es el elemento externo que coacciona sobre los jugadores a través de una cadena que apremia tanto a dirigentes como a técnicos, y en la cual intervienen hinchas y periodistas.
A diferencia del resto de los equipos, en los grandes se exacerba la influencia de las imposiciones ya que tienen otra perspectiva de objetivos, de fracasos y de obligaciones.

Por algo Racing se lo conoce como un club sufrido, a diferencia de otros que tuvieron menor cantidad de títulos y mayores participaciones en el ascenso. Por algo San Lorenzo es inestable e irregular. Por algo también, los ídolos de otros sitios llegan con muchas expectativas y promesas a Boca o a River y no rinden como lo hicieron en el pasado; Tal cual sentencia la famosa frase, "les pesa la camiseta".

Como ya le tocó a la academia, ahora River debe transitar por el traumático sufrimiento de lo desconocido y el dificultoso cambio de mentalidad. Para los hinchas resultará complicado modificar el foco, sobre todo porque la lucha será por mantener la categoría, pero es necesario, por más historia que no se lo permita. No están acostumbrados, no nacieron para esto y los perjudica, porque los jugadores requieren más aliento y menos ambición.

El gran problema que emerge como conclusión es el económico. Las desavenencias que se originan en los clubes grandes por no estar a la altura de las circunstancias suscitan una innumerable carga anímica a la hora del fútbol... En estos tiempos hay que estar preparados para la frustración.

sábado, 24 de octubre de 2009

El gigante desconocido

En River, de un tiempo a esta parte, se hace todo mal. Basta ver al equipo jugar y te das cuenta.
El primer River de Astrada es el último que, para mi gusto, sabía a que jugaba y aspiraba a lo que la historia del club le exigía. Luego sucedieron técnicos que por diferentes motivos no encontraron las herramientas adecuadas, y sólo uno supo no depender de ellas: Diego Simeone.

Él armó un plantel con la mentalidad que se necesitaba para ser campeón, pero le faltó algo importante para los hinchas de River, jugar bien. No quedará en la memoria del futbolero ese equipo, pero mucho más no se podía pedir. Sobre todo, por lo que vino después.

El rendimiento futbolístico, que cae día a día más profundo, es la consecuencia de años con un mal manejo dirigencial. Y ni siquiera me refiero exclusivamente a lo administrativo. Hubo decisiones que, por más que le des vueltas y vueltas, no se le encuentra sentido (¿qué hicieron Tuzzio y Gerlo para ni siquiera merecer tener un lugar en el plantel con la defensa actual?), y suman a esta debacle de un equipo que, en los noventa, humillaba a todos y cada uno de los rivales, y ahora la sensación es todo lo contrario. Tanto es así, que hoy parece que si empatas con River en el Monumental es un pésimo resultado.