Mostrando entradas con la etiqueta dirigencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dirigencia. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de julio de 2013

Conclusiones de un semestre más

En el fútbol argentino estamos acostumbrados a realizar balances que arrojan resultados negativos. Mientras el violento sea premiado y el noble, damnificado, la tesitura será la misma. Por eso no sorprende encontrarnos ante un nuevo cierre de temporada con más disgustos y frustraciones que alegrías.

Proyectando una probable revisión de estos últimos meses en un futuro, podemos aventurar que los libros de fútbol concederán un generoso recuadro a un digno y justo campeón como lo es Newell´s Old Boys. Equipo que, basamentado en varios referentes históricos del club, supo construir y mantener una identidad que le permitió pelear en todos los frentes.También habrá un lugar especial para recordar al Vélez Supercampeón, aunque no se gastará demasiada tinta en explicar el motivo de la existencia de semejante título. Pero si la cuestión es mencionar el hecho que atrajo la atención en este torneo hay que referirse al descenso, y más precisamente a Independiente. Como le pasó a River dos años atrás, el Rojo sufrió la abrumadora presión que suscita para un club grande la inminente catástrofe futbolística de perder la categoría, a la que nunca se pudo reponer aun estando con suficiente margen para hacerlo.

Por otra parte, de lo que no se va a escribir en los archivos de la AFA es de lo que no cambia ni siquiera parece amagar a cambiar: la sensación de violencia permanente. Hay para todos los gustos y de todos los colores. Violencia física, por parte de las barras y de otros inadaptados que se comportan como si fueran parte de ellas. Violencia verbal, aunque enquistada en la sociedad, sigue en aumento dentro del fútbol. Violencia futbolística, ejercida por los propios jugadores cada vez que simulan o quieren sacar ventaja ilícitamente de alguna situación.Violencia por discriminación. Violencia policial. Violencia dirigencial... Todos los sujetos que participan en el fútbol argentino forman parte de ella, por lo tanto son responsables en mayor o menor medida.

Con todo, la violencia más lamentable es la sufrida por el hincha común, que entre intereses, incapacidades y connivencia ajenos ve vulnerado su derecho a la seguridad en cada uno de los estadios.

Esta violencia nos acostumbró a otro fútbol, con tribunas cerradas para simpatizantes visitantes y descomunal presencia policial. Es ilusorio procurar erradicarla cuando desde las altas esferas se percibe inacción y no una profunda decisión política, que de momento parece tan lejana como necesaria. Se requiere un cambio rotundo, que no sea esporádico ni con la función de emparchar para sortear inconvenientes. Hay que barajar y dar de nuevo, para que cese la protección a los violentos en detrimento de los hinchas sanos. Mientras tanto, la violencia del Estado será la más dolorosa.

jueves, 14 de febrero de 2013

La tibieza de la realidad

El fútbol mundialmente ha mutado hacia un juego de paridades tan extremas que suscita resultados imprevisibles. En el mejor de los casos, esos resultados se concretan por detalles ínfimos en el marco de un partido, pero en la mayoría de las ocasiones el que incide para determinar vencedores y perdedores es el azar.

Es por eso que el análisis en base al resultado debe hacerse con cautela y siendo conscientes que las verdades absolutas no existen en este deporte ni en ningún otro. No obstante, lo que impera hace unos años son las opiniones tajantes, categóricas e implacables.

Los juicios híbridos conforman quizás la herramienta más adecuada para echar luz en una realidad repleta de factores heterogéneos, pero éstos gozan de mala fama debido a que son estigmatizados como tibios. Es la falta de impacto la que repele a los razonamientos carentes de contundencia, aunque sí coincidan con la relatividad constante en la que transita el fútbol de un tiempo a esta parte.

Son escasas las excepciones que escapan de la irregularidad dominante; un grato ejemplo argentino es Vélez Sarsfield, amo y señor del torneo local en los últimos años por solvencia y coherencia al momento de tomar decisiones dirigenciales. El emblema en el mundo es el Barcelona. Cada vez son menos... Hoy el fútbol se rige por la eventualidad: el que menos se equívoca, gana.

Al ser todo tan parejo, lo anímico pesa más que un progreso en lo futbolístico. Debido a esto el  resultado es más  importante de cara al futuro que un crecimiento del equipo. Se requiere urgentemente modificar el paradigma futbolero, porque cada día se juega peor. En Argentina, tal vez con el tiempo de trabajo que te brindan los torneos largos se pueda encontrar al menos una rudimentaria solución.

jueves, 14 de junio de 2012

La esperanza del cambio

Cuando el ignoto Javier Cantero sacudió las urnas, superando al candidato "Comparadísta" Baldomero Álvarez, y se convirtió en el Presidente de Independiente allá por mediados de diciembre del 2011, nadie imaginaba que unos meses después aquella incipiente ilusión se transformaría en una concreta oportunidad de cambiar el rumbo de un club enormemente maltratado.

En aquel momento, los socios (casi el 60% de ellos) votaron con la intención evidente de desplazar al oficialismo, mandato que llevó a cabo la construcción del estadio pero paralelamente arruinó financiera y futbolísticamente a la institución.

Por su parte, lo que Cantero tenía previsto para su gestión era mucho más que comandar una dirigencia digna. El flamante presidente tomó las decisiones de forma seria y coherente: primero, en base a la pobre situación económica, redujo el número de jugadores del plantel y detuvo el gasto indiscriminado de incorporaciones. Luego, le puso límite a la "barra" como ningún otro dirigente hizo antes y transparentó la información referida a la propiedad de los pases de los jugadores.

En la historia de Independiente, la batalla dirimida contra la banda liderada por Pablo "Bebote" Álvarez, a quien le hizo frente tanto conceptual como literalmente, es tan plausible como fundamental, ya que la corrupción y la destrucción en torno a la barra brava debe ser considerado como el principal elemento a suprimir.

Este padecimiento que vive Independiente es el gran problema del fútbol argentino, enquistado debido a la connivencia entre los jefes de las barras y los altos directivos de los clubes. La actitud del Presidente del "Rojo" contrastada con la inactividad de sus colegas no hace otra cosa más que reflejar la solitaria y desprotegida situación en la que se encuentra Cantero, y por ende su valentía para enfrentar tamaña empresa.

Este puntapié inicial que se vislumbra en el club de Avellaneda debe ser acompañado por una revolución de carácter nacional. Es el momento de aprovechar, y vulnerar los cimientos que construyeron durante años los violentos que habitan las tribunas Populares de los estadios argentinos. Los hinchas verdaderos ya están hartos, no soportan más los oscuros manejos directivos y el reinado abyecto de la barrabrava, la cual quedó en jaque.

Esta conducción sabe que corre con desventaja, porque además de ser presa fácil de ataques y amenazas tiene que afrontar la urgencia de mejorar radicalmente el Promedio del equipo para no tener en contra una presión extra en la temporada que se avecina. Sin embargo, de la única manera que Independiente pueda salir adelante con la grandeza que alguna vez supo poseer es a través de Javier Cantero, quien demostró un coraje que solo se entiende gracias a su fuerte convicción. Consciente o no, el presidente "rojo" va camino a convertirse en uno de los máximos referentes dirigenciales de la historia del fútbol argentino. De seguir así se le debe reservar un generoso recuadro en el gran libro del fútbol argentino.