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lunes, 30 de septiembre de 2013

Idas y vueltas de un DT

Hay directores técnicos que arriban a un equipo y enseguida encuentran la fórmula mágica para obtener resultados, en base a dos o tres cambios y pura inyección anímica. Y existe otro tipo de entrenadores que necesitan tiempo para cimentar una idea, que desembocará en logros a largo plazo.

Sin duda alguna Juan Antonio Pizzi entra en este segundo grupo. Cultivador de un perfil bajo que ya lo caracterizaba como jugador, el DT de San Lorenzo también empezó a diferenciarse de su predecesor, Ricardo Caruso Lombardi, a partir de su marcado estilo ofensivo, ya desde los primeros partidos.

Después de un comienzo alentador, a Pizzi y los suyos les llegó la implacable irregularidad, esa cualidad que no le esquiva ningún equipo del fútbol contemporáneo. Y más temprano que tarde las criticas por su sistema y criterio futbolístico se extendieron por Boedo. Con todo, el cuerpo técnico siempre mantuvo sus convicciones, ideas y métodos de trabajo.

Pese a no conseguir la empatía de la hinchada, esa serenidad y seguridad lo llevó a comandar al conjunto "azulgrana" en este Torneo Inicial, afianzado por el sólido puntal que significa el apoyo de una dirigencia seria. Los refuerzos destacados que adquirió el plantel le pusieron al "ciclón" la pesada mochila de candidato y Juan Antonio trató de desprenderse rápidamente de ella, a sabiendas de que los favoritismos, en la mayoría de los casos, se transforman en presiones. No obstante, transcurridas las primeras jornadas imperaba la sensación de que las expectativas quedaban demasiado altas y que la decepción estaba muy cerca. La abundante cantidad de jugadores dejaba de ser una ventaja para ser un problema.  

El gran mazazo fue la rápida eliminación en el plano internacional. Los dos partidos de la Copa Sudamericana enfrentando a River dejaron como saldo a un San Lorenzo débil. Sin embargo, los puntos obtenidos en el torneo doméstico no eran escasos; todo dependía de la personalidad para afrontar los encuentros venideros.

Tres victorias en cuatro presentaciones, incluyendo un 3 a 0 decoroso ante Gimnasia el último fin de semana, modificó el panorama. La personalidad apareció y el fútbol fluyó de menor a mayor, y eso es lo que le permite al "cuervo" soñar con el título aun con la ausencia considerable de Martín Cauteruccio por lesión.

Pizzi sabe mejor que todos que su equipo no es una maquinita ni mucho menos, pero es consciente que va por buen camino, y que el duro Newell´s se puede caer en algún momento. Además sigue de pié en la Copa Argentina, campeonato demasiado menospreciado para mi gusto.

Lo que no sabe Pizzi es qué le deparará la segunda etapa del semestre. Queda mucho torneo por recorrer y el trayecto con mayores presiones predispondrá distinto a los jugadores. De mantener el alza en el rendimiento colectivo, San Lorenzo dará que hablar. De lo contrario habrá que aguardar con paciencia, tolerancia y esperanza la maduración de sus jóvenes promesas en el próximo certamen.


jueves, 14 de febrero de 2013

La tibieza de la realidad

El fútbol mundialmente ha mutado hacia un juego de paridades tan extremas que suscita resultados imprevisibles. En el mejor de los casos, esos resultados se concretan por detalles ínfimos en el marco de un partido, pero en la mayoría de las ocasiones el que incide para determinar vencedores y perdedores es el azar.

Es por eso que el análisis en base al resultado debe hacerse con cautela y siendo conscientes que las verdades absolutas no existen en este deporte ni en ningún otro. No obstante, lo que impera hace unos años son las opiniones tajantes, categóricas e implacables.

Los juicios híbridos conforman quizás la herramienta más adecuada para echar luz en una realidad repleta de factores heterogéneos, pero éstos gozan de mala fama debido a que son estigmatizados como tibios. Es la falta de impacto la que repele a los razonamientos carentes de contundencia, aunque sí coincidan con la relatividad constante en la que transita el fútbol de un tiempo a esta parte.

Son escasas las excepciones que escapan de la irregularidad dominante; un grato ejemplo argentino es Vélez Sarsfield, amo y señor del torneo local en los últimos años por solvencia y coherencia al momento de tomar decisiones dirigenciales. El emblema en el mundo es el Barcelona. Cada vez son menos... Hoy el fútbol se rige por la eventualidad: el que menos se equívoca, gana.

Al ser todo tan parejo, lo anímico pesa más que un progreso en lo futbolístico. Debido a esto el  resultado es más  importante de cara al futuro que un crecimiento del equipo. Se requiere urgentemente modificar el paradigma futbolero, porque cada día se juega peor. En Argentina, tal vez con el tiempo de trabajo que te brindan los torneos largos se pueda encontrar al menos una rudimentaria solución.