Guardiola decidió abandonar la dirección técnica del Barcelona, y con su decisión puso fin al ciclo más exitoso de la historia del fútbol. Que quede claro: exitoso no por las dos Champions League, ni las tres ligas españolas, ni mucho menos por los dos Mundiales de Clubes ni el par de Copas del Rey obtenidos (los premios solo importan para convencer a los exitistas detractores); sino por la huella inmensa que marcó en la historia del fútbol mundial.El cambio de entrenador, como no podía ser de otra manera en una institución seria, es consecuente. Marcelo Bielsa habría sido un sapo de otro pozo, un propulsor del dinamismo y mecanización en un sitio donde reina la paciencia y la libertad que suscita la imaginación. Enhorabuena entonces por Tito Vilanova y la apuesta por la continuidad.
Es curioso que Pep esgrimiera como razón principal de su salida a "la falta de energía", la misma que utilizara Bielsa en su renuncia a la dirección técnica de la Selección Argentina. Pero volviendo a la elección del sucesor, el arco dirigencial enfocó su determinación en lo realmente importante: que el equipo no pierda la esencia que lo llevó a conmover a los amantes de este deporte en todas las partes del mundo. Se sabe, de aquí en más será difícil repetir, siquiera acercarse, al funcionamiento de los últimos años. Aunque el intento está garantizado y eso es saludable y valioso más allá de los resultados que vengan en el futuro. Es que existes tantas formas de jugar como entrenadores, no obstante caes en un gran pecado sino aspirás -o al menos admirás- a la excelencia del estilo blaulgrana.
Como clave fundamental cada vez que se analiza a este elenco histórico, no se soslaya el dato de que varios de los jugadores más importantes se conocen y comparten el campo de juego hace más de diez años. Sin embargo, creo que el factor fundamental no es ése, sino la mentalidad inculcada en el club catalán, que se encuentra enquistada desde aquella semilla que depositó Cruyff, primero como jugador y luego como entrenador. Esa es la gran virtud; el tiempo que llevan juntos para conocerse de memoria no es nada sin la magnífica filosofía que impera en los directivos, el técnico, los jugadores y la afición. De proseguir así, hay Barça para rato.