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jueves, 12 de mayo de 2011

Devaluado pero incomparable

Boca y River aún están lejos de ser los equipos protagonistas de otros tiempos, pero este campeonato, generoso por lo irregular, se empeña en dar segundas oportunidades.

Es que, como pasa solo dos veces por año, durante toda esta semana el Superclásico será el foco donde se posarán todas las miradas. No es para menos: las historias de los clubes lo amerita. Pero es por lo menos injusto: no existen los condimentos y las condiciones necesarios para rellenar semejantes historias.

Boca goza de un pasado reciente algo alentador. Después de naufragar fecha tras fecha con un equipo sin rumbo, Falcioni parece haber encontrado la fórmula que lentamente saque al xeneize del pozo. La levantada es más anímica que futbolística, más relativa que verídica, pero el conjunto de La Boca tiene al alcance de la mano la posibilidad de transformar la insinuación en realidad.

River, pensando en la "tabla de abajo", se siente más cómodo de visitante, sin la presión de ir a buscar el partido, básicamente porque esta preparado para eso. Sin embargo, la derrota con All Boys en el Monumental del pasado domingo generará otro tipo de presión para los jugadores, que será la alternativa más que posible de regresar a la zona de Promoción producto de una nueva derrota.

Con todo, este Súper en la Bombonera será tan atrayente como siempre. No obstante, como viene pasando en las últimas ediciones, lamentablemente el partido sorprenderá si no se convierte en una decepción.

jueves, 24 de marzo de 2011

La brújula descompuesta

Boca, debido a un cúmulo de errores, llegó a esta caótica actualidad. Sin embargo, en estos momentos es cuando las patas que componen al club no deben apurarse para sacar conclusiones determinantes ni exacerbar aún más las críticas, sino analizar de qué manera cambiar el rumbo de un conjunto de voluntades que va en picada inexorablemente hacia el vacío.

Desde el principio: César Falcioni fue el elegido para tomar las riendas de un equipo con pretensiones a recuperar la mística ganadora de antaño; en este, un año electoral. Las razones más fuertes de esta determinación parecieron ser la autoridad y personalidad que caracterizan al ex arquero y que ayudarían a encausar un vestuario autodestructivo; Pero no son las únicas. La capacidad comprobada, demostrada en sus anteriores trabajos es un aliciente que no hay que olvidar. Por otro lado, transcurridas 5 fechas, se puede concluir que el funcionamiento es de lo peor del campeonato, como certifica la tabla de posiciones. No obstante, para entender el porqué las conclusiones realizadas al respecto son más confusas que aprovechables.

Las internas del plantel, para empezar, llegan a límites impensados y seguramente repercuten en el ánimo de los jugadores, pero no son el factor fundamental de este mal momento como algunos se empeñan en difundir. Además, los futbolistas, en su mayoría estrellas que arribaron al club como consecuencia de sus destacadas carreras, no merecen cargar con la etiqueta de pésimos jugadores. Está claro: lo anímico juega, las presiones son otras, las adaptaciones son distintas y los bajos niveles son evidentes. Pero el tiempo debería darle a cada uno la posibilidad de demostrar su verdadera dimensión.

En concreto, se debe encontrar el mejor punto de partida para, desde ahí, comenzar a salir del pozo. Las malas decisiones de los últimos años no serán fáciles de afrontar, pero serán aún más difíciles con la mentalidad del que pregona "que se vayan todos".