Boca, debido a un cúmulo de errores, llegó a esta caótica actualidad. Sin embargo, en estos momentos es cuando las patas que componen al club no deben apurarse para sacar conclusiones determinantes ni exacerbar aún más las críticas, sino analizar de qué manera cambiar el rumbo de un conjunto de voluntades que va en picada inexorablemente hacia el vacío.Desde el principio: César Falcioni fue el elegido para tomar las riendas de un equipo con pretensiones a recuperar la mística ganadora de antaño; en este, un año electoral. Las razones más fuertes de esta determinación parecieron ser la autoridad y personalidad que caracterizan al ex arquero y que ayudarían a encausar un vestuario autodestructivo; Pero no son las únicas. La capacidad comprobada, demostrada en sus anteriores trabajos es un aliciente que no hay que olvidar. Por otro lado, transcurridas 5 fechas, se puede concluir que el funcionamiento es de lo peor del campeonato, como certifica la tabla de posiciones. No obstante, para entender el porqué las conclusiones realizadas al respecto son más confusas que aprovechables.
Las internas del plantel, para empezar, llegan a límites impensados y seguramente repercuten en el ánimo de los jugadores, pero no son el factor fundamental de este mal momento como algunos se empeñan en difundir. Además, los futbolistas, en su mayoría estrellas que arribaron al club como consecuencia de sus destacadas carreras, no merecen cargar con la etiqueta de pésimos jugadores. Está claro: lo anímico juega, las presiones son otras, las adaptaciones son distintas y los bajos niveles son evidentes. Pero el tiempo debería darle a cada uno la posibilidad de demostrar su verdadera dimensión.
En concreto, se debe encontrar el mejor punto de partida para, desde ahí, comenzar a salir del pozo. Las malas decisiones de los últimos años no serán fáciles de afrontar, pero serán aún más difíciles con la mentalidad del que pregona "que se vayan todos".
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