jueves, 2 de diciembre de 2010

Las palabras que confunden

Ángel Cappa, como toda persona influyente del fútbol, divide aguas, genera amores y odios y cosecha, a la vez, grandes elogios y duras críticas. En las antípodas, opinólogos esperan ansiosos la oportunidad para defenestrarlo, apelando a veces a argumentos válidos y otras (muchas) veces a inefables incoherencias.

Con la insoportable frase "hay que ganar como sea", se contrulló un eslogan que intenta constantemente descalificar a su discurso y visión del fútbol. Últimamente, desde su alejamiento de River, las críticas se extremaron notoriamente, en general enfocadas en el contraste de su gestión con la de su sucesor, Juan José López. Este camino argumental demostró tener importantes errores conceptuales porque, entre otras cosas, considera como virtud algo que antes se denostaba.

La primera llamada de atención surge a partir del elogio desmedido hacia la defensa millonaria, desde el arribo del nuevo entrenador. Si bien es verdad que en los tres partidos que dirigió J. J. al equipo no le convirtieron goles, uno de los aciertos de Ángel fue justamente el armado de una defensa que, mientras no faltó Almeyda, dio señales de seguridad. Partidos como contra Tigre, Huracán, Argentinos, Arsenal y Gimnasia son ejemplos de vallas invictas y certifican que el problema nunca fue el resguardo del arco propio. Además, al club de Núñez jamás le convirtieron más de dos goles en un mismo partido y sólo recibió 12 goles en 13 partidos, números mejorados únicamente por Estudiantes, Vélez y Newell´s.

Pero como Cappa pregona un fútbol vistoso, queda exento de ser reconocido por este motivo. En otras palabras, por su filosofía innegociable de juego y su manera de pensar y de expresarse, se le exige más a él que a casi cualquier otro entrenador.

Otro punto interesante de este análisis es el que infiere cierta vulnerabilidad en el sistema de juego del técnico bahiense a la hora de "cerrar los partidos". Como habría sido igual si el cambio hubiera sido al revés, las voces detractoras se hicieron oír cuando, con River ganando y faltando quince minutos para el final, don Ángel decidió el ingreso de Mauro Díaz en lugar de una modificación más especulativa. Obviamente, con el resultado puesto las críticas no se hicieron esperar. Aquellas mismas críticas que hoy son elogios para J. J. y que no advierten que River, contra Olimpo, ganando en el Monumental, necesitó de las manos mágicas de Juan Pablo Carrizo para salvarse milagrosamente. Increíble...

"No estamos para chiches, hay que sumar porque estamos peleando el descenso", es otro de los argumentos que se escuchan provenientes de bocas momentáneamente sorientes, que deambulan por los pasillos del Monumental. Lo peor no es la injusticia que sufrió y sigue sufriendo Angelito, sino que dentro de algunas semanas, cuando la inexorable primera derrota de López como DT se concrete, aflorarán las falencias del equipo que hoy se invisibilizan solo con el afán de subir al técnico de turno a un pedestal bien alto, para que luego la caída sea más estrepitosa.

Con los resultados en mano no se debe sacar conclusiones. De esta manera, la única víctima es el propio River Plate.

martes, 28 de septiembre de 2010

La fragilidad de Ortega

Ariel Ortega es la figura de River, más por sus antecedentes que por su actualidad. Sin embargo, esta realidad millonaria transformó al Burrito en un jugador imprescindible para el conjunto de Núñez. Sus intermitencias y su capacidad física en decadencia son suplantadas por su personalidad y experiencia, aunque el equipo quede supeditado a su peligrosa dependencia.

Sus problemas personales hicieron su carrera más irregular de lo que merecía su talento. El paso conflictivo por Turquía lo dejó fuera de las canchas y cerca del retiro. Posteriormente, durante su magra participación en el ascenso, sumó más expulsiones que goles y pareció demostrar no tener nivel para retornar a la Primera División. Luego, en su último regreso a River, no cesó de faltar a los entrenamientos por sus problemas de alcoholismo y repitió las fallas que lo habían dejado lejos del club en 2008, después de salir campeón bajo la dirección técnica de Simeone.

El presidente Daniel Passarella y el técnico Ángel Cappa no se cansan de elogiarlo y de reiterar su interés humano por sobre el futbolístico. Ahora, los resultados en el torneo consiguieron ocultar sus bajones anímicos, pero la posibilidad de que esto varíe convierte a River en un equipo vulnerable e inconsistente.

martes, 3 de agosto de 2010

El desorganizado fútbol argentino


La salida de Diego Maradona de la dirección técnica de la Selección y todos los pormenores posteriores suscitaron un marco de papelón de medida internacional. Las continuas desavenencias que ocurrieron en el ambiente futbolístico luego de la eliminación de Argentina del Mundial tienen un factor común: la desprolijidad.

Una vez consumada la goleada que le propinó Alemania al equipo nacional, la sensación de los argentinos fue de profunda frustración. Sin embargo, el apoyo de la gente y, en un principio, el de Julio Grondona parecieron conformar como inevitable la continuidad del técnico.

Contrariamente, las imposiciones pensadas por Grondona dejaron al conjunto albiceleste sin conductor a largo plazo, con Sergio Batista como responsable interino y con una carencia de proyecto visible y alarmante. En concreto, las condiciones que la AFA pretendía imponerle a Maradona funcionaron más como una notificación de despido que como replanteamientos constructivos. Ni siquiera fue una manera elegante de pedirle la renuncia, sino que originó graves denuncias y esclareció los conflictos internos.

Con todo, la puerta abierta para el regreso de Maradona no se sustenta con los hechos. Para ello, una de las partes tendría que ceder: Diego permitiendo la renovación del cuerpo técnico, o Grondona olvidándose de las limitaciones. Como sea, ninguno de los dos escenarios parece posible y la salida del "Diez" no tiene vuelta atrás; como tampoco la dura confrontación mediática entre Diego y Bilardo.

lunes, 7 de junio de 2010

El declíve de los "grandes"


Los denominados grandes del fútbol argentino, algunos más otros menos, han atravesado en el último lustro una etapa de decadencia y las circunstancias no dan indicios de que ésta haya terminado.

El fútbol mundialmente se ha equiparado y de esto no está exento el argentino. Pero al margen, hay otros factores culturales que repercuten en Argentina particularmente.
La presión es el elemento externo que coacciona sobre los jugadores a través de una cadena que apremia tanto a dirigentes como a técnicos, y en la cual intervienen hinchas y periodistas.
A diferencia del resto de los equipos, en los grandes se exacerba la influencia de las imposiciones ya que tienen otra perspectiva de objetivos, de fracasos y de obligaciones.

Por algo Racing se lo conoce como un club sufrido, a diferencia de otros que tuvieron menor cantidad de títulos y mayores participaciones en el ascenso. Por algo San Lorenzo es inestable e irregular. Por algo también, los ídolos de otros sitios llegan con muchas expectativas y promesas a Boca o a River y no rinden como lo hicieron en el pasado; Tal cual sentencia la famosa frase, "les pesa la camiseta".

Como ya le tocó a la academia, ahora River debe transitar por el traumático sufrimiento de lo desconocido y el dificultoso cambio de mentalidad. Para los hinchas resultará complicado modificar el foco, sobre todo porque la lucha será por mantener la categoría, pero es necesario, por más historia que no se lo permita. No están acostumbrados, no nacieron para esto y los perjudica, porque los jugadores requieren más aliento y menos ambición.

El gran problema que emerge como conclusión es el económico. Las desavenencias que se originan en los clubes grandes por no estar a la altura de las circunstancias suscitan una innumerable carga anímica a la hora del fútbol... En estos tiempos hay que estar preparados para la frustración.

martes, 20 de abril de 2010

Messi + 10

En toda charla de Café, en todo programa de TV o de radio y en toda comida familiar inevitablemente se intenta dar respuesta a la misma pregunta que se plantea una y otra vez hasta el hartazgo: ¿Por qué Messi no juega en la Selección como juega en Barcelona?. Las diversas respuestas son, a la vez, hipotéticas soluciones para Diego Maradona y su problema mundialista.



La incertidumbre que se genera en los argentinos con respecto al funcionamiento de Lio en Sudáfrica, parece acentuarse con cada fecha que transcurre en la Liga Española debido al superlativo nivel que atraviesa el goleador del torneo, quien despeja cualquier tipo de duda con relación a la revelación casi unánime de mejor jugador del mundo.

Exceptuando la opinión que interpreta al "10" del Barça con falta de compromiso vistiendo la celeste y blanca, todos los análisis en torno al tema son valederos, pero ninguno tanto como el que objeta que forma parte del mejor equipo del mundo.

La crítica se exacerbó durante los últimos meses, cuando Messi acaparó todos los ataques de su equipo, marcando hasta cuatro goles frente al Arsenal. Pero las gambetas espectaculares e interminables que los argentinos sólo ven por televisión deben tener una explicación que radica en la ofensiva del conjunto catalán. No solo Xavi e Iniesta, entre otros, le dan la pelota "redonda" y al pié, sino que también los compañeros lo acompañan más de cerca, a diferencia de la Argentina de Maradona que se ha parado más de una vez de contraataque, aislando a sus dos puntas. Pero la diferencia más notoria en favor del equipo de Josep Guardiola, se produce cuando Messi acelera y empieza a encarar: los defensores rivales lo marcan de a uno porque tienen que hacerse cargo de otros dos delanteros muy peligrosos y las subidas por sorpresa de los mediocampistas y laterales.



El objetivo es claro. Será muy difícil que el seleccionado argentino llegue a jugar similar al Barcelona durante el Mundial, pero en el tiempo de preparación durante las semanas previas al debut frente a Nigeria radica gran parte de la esperanza argentina de que algo semejante ocurra.