El empate que obtuvo Independiente en su cruce frente a Quilmes tiene sabor a derrota. Es que el Rojo está necesitando sumar de a tres, el promedio lo ahoga y las fechas transcurren sin ninguna noticia positiva. Por el contrario, el epílogo del torneo Final está cada vez más cerca y el escepticismo va en aumento.
En este marco, cuando la presión externa es abrumadora, la mancomunión de todos los componentes del club es un punto central. Ricardo Bochini no está en esa sintonía y, fiel a su estilo, volvió a cargar en contra de los jugadores y sobre todo del entrenador. A la palabra de la máxima gloria de la institución de Avellaneda se sumaron otras, incluso con opiniones más duras y personales contra Gallego, como los testimonios realizados por Monzón y Clausen. Si algo le faltaba al Rojo para empeorar su situación es este hervidero que desembocó la pálida actuación frente al Cervecero.
La intención de ayudar por parte de los ex jugadores no está en discusión, aunque es difícil imaginar que no son conscientes de que lo que consiguen es totalmente lo contrario. Para el Bocha, no es la primera de las ocasiones en que se coloca en la vereda de enfrente de un entrenador de Independiente. Por ejemplo, su analogía en River es el "Beto" Alonso. Ambos ostentan un nivel de idolatría similar que les brinda un poder de influencia significativo en la hinchada. Está claro que nadie les regaló nada a los ídolos y que tienen bien ganado el cariño de la gente, pero la responsabilidad que llevaban cuando comandaban el timón como jugadores deben mantenerla ahora que no son los protagonistas, sino actores secundarios con la misión de apoyar.
Por otro lado, hay que enfatizar el hecho de que el Independiente en el que brilló Bochini y compañía se parece solo en el nombre con el del presente. El equipo de hoy no los representa, es una etapa íntegramente diferente, la cual no han vivido en carne propia. Así que, aunque suene duro, las grandes glorias tienen poco para aportar sobre una realidad desconocida tanto para ellos como para el club.
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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 14 de junio de 2012
La esperanza del cambio
Cuando el ignoto Javier Cantero sacudió las urnas, superando al candidato "Comparadísta" Baldomero Álvarez, y se convirtió en el Presidente de Independiente allá por mediados de diciembre del 2011, nadie imaginaba que unos meses después aquella incipiente ilusión se transformaría en una concreta oportunidad de cambiar el rumbo de un club enormemente maltratado.
En aquel momento, los socios (casi el 60% de ellos) votaron con la intención evidente de desplazar al oficialismo, mandato que llevó a cabo la construcción del estadio pero paralelamente arruinó financiera y futbolísticamente a la institución.
Por su parte, lo que Cantero tenía previsto para su gestión era mucho más que comandar una dirigencia digna. El flamante presidente tomó las decisiones de forma seria y coherente: primero, en base a la pobre situación económica, redujo el número de jugadores del plantel y detuvo el gasto indiscriminado de incorporaciones. Luego, le puso límite a la "barra" como ningún otro dirigente hizo antes y transparentó la información referida a la propiedad de los pases de los jugadores.
En la historia de Independiente, la batalla dirimida contra la banda liderada por Pablo "Bebote" Álvarez, a quien le hizo frente tanto conceptual como literalmente, es tan plausible como fundamental, ya que la corrupción y la destrucción en torno a la barra brava debe ser considerado como el principal elemento a suprimir.
Este padecimiento que vive Independiente es el gran problema del fútbol argentino, enquistado debido a la connivencia entre los jefes de las barras y los altos directivos de los clubes. La actitud del Presidente del "Rojo" contrastada con la inactividad de sus colegas no hace otra cosa más que reflejar la solitaria y desprotegida situación en la que se encuentra Cantero, y por ende su valentía para enfrentar tamaña empresa.
Este puntapié inicial que se vislumbra en el club de Avellaneda debe ser acompañado por una revolución de carácter nacional. Es el momento de aprovechar, y vulnerar los cimientos que construyeron durante años los violentos que habitan las tribunas Populares de los estadios argentinos. Los hinchas verdaderos ya están hartos, no soportan más los oscuros manejos directivos y el reinado abyecto de la barrabrava, la cual quedó en jaque.
Esta conducción sabe que corre con desventaja, porque además de ser presa fácil de ataques y amenazas tiene que afrontar la urgencia de mejorar radicalmente el Promedio del equipo para no tener en contra una presión extra en la temporada que se avecina. Sin embargo, de la única manera que Independiente pueda salir adelante con la grandeza que alguna vez supo poseer es a través de Javier Cantero, quien demostró un coraje que solo se entiende gracias a su fuerte convicción. Consciente o no, el presidente "rojo" va camino a convertirse en uno de los máximos referentes dirigenciales de la historia del fútbol argentino. De seguir así se le debe reservar un generoso recuadro en el gran libro del fútbol argentino.
En aquel momento, los socios (casi el 60% de ellos) votaron con la intención evidente de desplazar al oficialismo, mandato que llevó a cabo la construcción del estadio pero paralelamente arruinó financiera y futbolísticamente a la institución.
Por su parte, lo que Cantero tenía previsto para su gestión era mucho más que comandar una dirigencia digna. El flamante presidente tomó las decisiones de forma seria y coherente: primero, en base a la pobre situación económica, redujo el número de jugadores del plantel y detuvo el gasto indiscriminado de incorporaciones. Luego, le puso límite a la "barra" como ningún otro dirigente hizo antes y transparentó la información referida a la propiedad de los pases de los jugadores.
En la historia de Independiente, la batalla dirimida contra la banda liderada por Pablo "Bebote" Álvarez, a quien le hizo frente tanto conceptual como literalmente, es tan plausible como fundamental, ya que la corrupción y la destrucción en torno a la barra brava debe ser considerado como el principal elemento a suprimir.
Este padecimiento que vive Independiente es el gran problema del fútbol argentino, enquistado debido a la connivencia entre los jefes de las barras y los altos directivos de los clubes. La actitud del Presidente del "Rojo" contrastada con la inactividad de sus colegas no hace otra cosa más que reflejar la solitaria y desprotegida situación en la que se encuentra Cantero, y por ende su valentía para enfrentar tamaña empresa.
Este puntapié inicial que se vislumbra en el club de Avellaneda debe ser acompañado por una revolución de carácter nacional. Es el momento de aprovechar, y vulnerar los cimientos que construyeron durante años los violentos que habitan las tribunas Populares de los estadios argentinos. Los hinchas verdaderos ya están hartos, no soportan más los oscuros manejos directivos y el reinado abyecto de la barrabrava, la cual quedó en jaque.
Esta conducción sabe que corre con desventaja, porque además de ser presa fácil de ataques y amenazas tiene que afrontar la urgencia de mejorar radicalmente el Promedio del equipo para no tener en contra una presión extra en la temporada que se avecina. Sin embargo, de la única manera que Independiente pueda salir adelante con la grandeza que alguna vez supo poseer es a través de Javier Cantero, quien demostró un coraje que solo se entiende gracias a su fuerte convicción. Consciente o no, el presidente "rojo" va camino a convertirse en uno de los máximos referentes dirigenciales de la historia del fútbol argentino. De seguir así se le debe reservar un generoso recuadro en el gran libro del fútbol argentino.
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