
Los denominados grandes del fútbol argentino, algunos más otros menos, han atravesado en el último lustro una etapa de decadencia y las circunstancias no dan indicios de que ésta haya terminado.
El fútbol mundialmente se ha equiparado y de esto no está exento el argentino. Pero al margen, hay otros factores culturales que repercuten en Argentina particularmente.
La presión es el elemento externo que coacciona sobre los jugadores a través de una cadena que apremia tanto a dirigentes como a técnicos, y en la cual intervienen hinchas y periodistas.
A diferencia del resto de los equipos, en los grandes se exacerba la influencia de las imposiciones ya que tienen otra perspectiva de objetivos, de fracasos y de obligaciones.
Por algo Racing se lo conoce como un club sufrido, a diferencia de otros que tuvieron menor cantidad de títulos y mayores participaciones en el ascenso. Por algo San Lorenzo es inestable e irregular. Por algo también, los ídolos de otros sitios llegan con muchas expectativas y promesas a Boca o a River y no rinden como lo hicieron en el pasado; Tal cual sentencia la famosa frase, "les pesa la camiseta".
Como ya le tocó a la academia, ahora River debe transitar por el traumático sufrimiento de lo desconocido y el dificultoso cambio de mentalidad. Para los hinchas resultará complicado modificar el foco, sobre todo porque la lucha será por mantener la categoría, pero es necesario, por más historia que no se lo permita. No están acostumbrados, no nacieron para esto y los perjudica, porque los jugadores requieren más aliento y menos ambición.
El gran problema que emerge como conclusión es el económico. Las desavenencias que se originan en los clubes grandes por no estar a la altura de las circunstancias suscitan una innumerable carga anímica a la hora del fútbol... En estos tiempos hay que estar preparados para la frustración.