En tiempos en que el fútbol está repleto de obligaciones, presiones, temores y miserias, planteos como el que expuso Alejandro Sabella ante Brasil en Goiania se volvieron cotidianos, aunque en este caso hacen remitir a lo más mezquino de la historia de la Selección Argentina.
"Pachorra" optó por un sistema táctico con cinco defensores pero además limitó hasta el extremo de la suspicacia a sus jugadores, quitándoles la posibilidad de tomar la iniciativa ante uno de los conjuntos brasileños más débiles de que se tiene memoria.
La sensación de sentirse inferior no es lo más preocupante sino la creencia que con un planteo así podemos llegar a algún lado. Quedó demostrado en el fútbol que el número de jugadores en un sector de la cancha no te hace más ofensivo ni más defensivo, pero la intención que adquiere el equipo es la clave y esta vez dejó mucho que desear.
El resultado no debe tener injerencia en el balance posterior -de hecho el conjunto argentino no estuvo lejos de empatar y hasta tuvo chances de ganar- sino que la imagen es el único foco que merece la atención. En rigor, Sabella presentó un plan que no dio ningún dividendo y dejó pasar una oportunidad de probar jugadores del medio local acompañados por la forma de juego que adoptará la celeste y blanca en los encuentros trascendentes. Es inevitable evitar pensar cómo una estructura de juego semejante puede servir en presencia de Messi, Higuaín, Aguero o Di María.
Con todo, aferrarse a un empate en el marco de un partido amistoso frente a un Brasil "Clase B", que podría haber funcionado como un importante banco de prueba, no suma absolutamente nada con perspectivas al futuro. Mientras tanto, el fútbol nacional sigue malgastando prestigio en el terreno internacional. Porque no había nada que perder, salvo resignar algo más de la poca identidad que nos queda.
viernes, 21 de septiembre de 2012
jueves, 14 de junio de 2012
La esperanza del cambio
Cuando el ignoto Javier Cantero sacudió las urnas, superando al candidato "Comparadísta" Baldomero Álvarez, y se convirtió en el Presidente de Independiente allá por mediados de diciembre del 2011, nadie imaginaba que unos meses después aquella incipiente ilusión se transformaría en una concreta oportunidad de cambiar el rumbo de un club enormemente maltratado.
En aquel momento, los socios (casi el 60% de ellos) votaron con la intención evidente de desplazar al oficialismo, mandato que llevó a cabo la construcción del estadio pero paralelamente arruinó financiera y futbolísticamente a la institución.
Por su parte, lo que Cantero tenía previsto para su gestión era mucho más que comandar una dirigencia digna. El flamante presidente tomó las decisiones de forma seria y coherente: primero, en base a la pobre situación económica, redujo el número de jugadores del plantel y detuvo el gasto indiscriminado de incorporaciones. Luego, le puso límite a la "barra" como ningún otro dirigente hizo antes y transparentó la información referida a la propiedad de los pases de los jugadores.
En la historia de Independiente, la batalla dirimida contra la banda liderada por Pablo "Bebote" Álvarez, a quien le hizo frente tanto conceptual como literalmente, es tan plausible como fundamental, ya que la corrupción y la destrucción en torno a la barra brava debe ser considerado como el principal elemento a suprimir.
Este padecimiento que vive Independiente es el gran problema del fútbol argentino, enquistado debido a la connivencia entre los jefes de las barras y los altos directivos de los clubes. La actitud del Presidente del "Rojo" contrastada con la inactividad de sus colegas no hace otra cosa más que reflejar la solitaria y desprotegida situación en la que se encuentra Cantero, y por ende su valentía para enfrentar tamaña empresa.
Este puntapié inicial que se vislumbra en el club de Avellaneda debe ser acompañado por una revolución de carácter nacional. Es el momento de aprovechar, y vulnerar los cimientos que construyeron durante años los violentos que habitan las tribunas Populares de los estadios argentinos. Los hinchas verdaderos ya están hartos, no soportan más los oscuros manejos directivos y el reinado abyecto de la barrabrava, la cual quedó en jaque.
Esta conducción sabe que corre con desventaja, porque además de ser presa fácil de ataques y amenazas tiene que afrontar la urgencia de mejorar radicalmente el Promedio del equipo para no tener en contra una presión extra en la temporada que se avecina. Sin embargo, de la única manera que Independiente pueda salir adelante con la grandeza que alguna vez supo poseer es a través de Javier Cantero, quien demostró un coraje que solo se entiende gracias a su fuerte convicción. Consciente o no, el presidente "rojo" va camino a convertirse en uno de los máximos referentes dirigenciales de la historia del fútbol argentino. De seguir así se le debe reservar un generoso recuadro en el gran libro del fútbol argentino.
En aquel momento, los socios (casi el 60% de ellos) votaron con la intención evidente de desplazar al oficialismo, mandato que llevó a cabo la construcción del estadio pero paralelamente arruinó financiera y futbolísticamente a la institución.
Por su parte, lo que Cantero tenía previsto para su gestión era mucho más que comandar una dirigencia digna. El flamante presidente tomó las decisiones de forma seria y coherente: primero, en base a la pobre situación económica, redujo el número de jugadores del plantel y detuvo el gasto indiscriminado de incorporaciones. Luego, le puso límite a la "barra" como ningún otro dirigente hizo antes y transparentó la información referida a la propiedad de los pases de los jugadores.
En la historia de Independiente, la batalla dirimida contra la banda liderada por Pablo "Bebote" Álvarez, a quien le hizo frente tanto conceptual como literalmente, es tan plausible como fundamental, ya que la corrupción y la destrucción en torno a la barra brava debe ser considerado como el principal elemento a suprimir.
Este padecimiento que vive Independiente es el gran problema del fútbol argentino, enquistado debido a la connivencia entre los jefes de las barras y los altos directivos de los clubes. La actitud del Presidente del "Rojo" contrastada con la inactividad de sus colegas no hace otra cosa más que reflejar la solitaria y desprotegida situación en la que se encuentra Cantero, y por ende su valentía para enfrentar tamaña empresa.
Este puntapié inicial que se vislumbra en el club de Avellaneda debe ser acompañado por una revolución de carácter nacional. Es el momento de aprovechar, y vulnerar los cimientos que construyeron durante años los violentos que habitan las tribunas Populares de los estadios argentinos. Los hinchas verdaderos ya están hartos, no soportan más los oscuros manejos directivos y el reinado abyecto de la barrabrava, la cual quedó en jaque.
Esta conducción sabe que corre con desventaja, porque además de ser presa fácil de ataques y amenazas tiene que afrontar la urgencia de mejorar radicalmente el Promedio del equipo para no tener en contra una presión extra en la temporada que se avecina. Sin embargo, de la única manera que Independiente pueda salir adelante con la grandeza que alguna vez supo poseer es a través de Javier Cantero, quien demostró un coraje que solo se entiende gracias a su fuerte convicción. Consciente o no, el presidente "rojo" va camino a convertirse en uno de los máximos referentes dirigenciales de la historia del fútbol argentino. De seguir así se le debe reservar un generoso recuadro en el gran libro del fútbol argentino.
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sábado, 28 de abril de 2012
En busca de la continuidad
Guardiola decidió abandonar la dirección técnica del Barcelona, y con su decisión puso fin al ciclo más exitoso de la historia del fútbol. Que quede claro: exitoso no por las dos Champions League, ni las tres ligas españolas, ni mucho menos por los dos Mundiales de Clubes ni el par de Copas del Rey obtenidos (los premios solo importan para convencer a los exitistas detractores); sino por la huella inmensa que marcó en la historia del fútbol mundial.El cambio de entrenador, como no podía ser de otra manera en una institución seria, es consecuente. Marcelo Bielsa habría sido un sapo de otro pozo, un propulsor del dinamismo y mecanización en un sitio donde reina la paciencia y la libertad que suscita la imaginación. Enhorabuena entonces por Tito Vilanova y la apuesta por la continuidad.
Es curioso que Pep esgrimiera como razón principal de su salida a "la falta de energía", la misma que utilizara Bielsa en su renuncia a la dirección técnica de la Selección Argentina. Pero volviendo a la elección del sucesor, el arco dirigencial enfocó su determinación en lo realmente importante: que el equipo no pierda la esencia que lo llevó a conmover a los amantes de este deporte en todas las partes del mundo. Se sabe, de aquí en más será difícil repetir, siquiera acercarse, al funcionamiento de los últimos años. Aunque el intento está garantizado y eso es saludable y valioso más allá de los resultados que vengan en el futuro. Es que existes tantas formas de jugar como entrenadores, no obstante caes en un gran pecado sino aspirás -o al menos admirás- a la excelencia del estilo blaulgrana.
Como clave fundamental cada vez que se analiza a este elenco histórico, no se soslaya el dato de que varios de los jugadores más importantes se conocen y comparten el campo de juego hace más de diez años. Sin embargo, creo que el factor fundamental no es ése, sino la mentalidad inculcada en el club catalán, que se encuentra enquistada desde aquella semilla que depositó Cruyff, primero como jugador y luego como entrenador. Esa es la gran virtud; el tiempo que llevan juntos para conocerse de memoria no es nada sin la magnífica filosofía que impera en los directivos, el técnico, los jugadores y la afición. De proseguir así, hay Barça para rato.
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