viernes, 13 de junio de 2014

Los protagonistas del Mundial

Pasar desapercibido. Ese objetivo que en cada partido se plantea el árbitro para no quedar en el centro de la escena ni influir en el resultado, desgraciadamente no se consiguió en los primeros dos días del Mundial. Más bien todo lo contrario: los colegiados tomaron el protagonismo por errores groseros, algunos inexplicables, y, sobre todo, inaceptables a este nivel.

Yuichi Nishimura venía llevando de forma correcta el encuentro entre Brasil y Croacia, debut de la Copa del Mundo, hasta que la pifió feo regalandolé un penal a los brasileños. Se supone que el japonés fue designado para semejante partido por ser un árbitro probado y con experiencia, sin embargo la presión de dirigir al local y estar observado por millones de personas le jugó en contra, abriendo así el camino a las especulaciones y desconfianzas.

El viernes, cuando todavía se hablaba de juez nipón, aparecieron sus colegas para terminar de arruinar la imagen de los hombres que deberían impartir justicia. El único consuelo es que hubo final feliz, ya que tanto México frente a Camerún como Holanda ante España aplacaron el error consiguiendo la victoria. En el primer duelo el equivocado fue el juez de línea (y no una, sino dos veces), mientras que en el enfrentamiento europeo se repitió la fórmula del penal inventado.

No se debe soslayar la responsabilidad de los jugadores -que de Fair Play no entienden nada- simulando y exagerando constantemente. Además, la mejora tecnológica y la cantidad de cámaras ubican al réferi en una posición de indefección insostenible. Así las cosas, la coyuntura pide a gritos un cambio sustancial. La FIFA está obligada a un replanteo, a abandonar su vetusta idiosincracia y aggiornarse a los tiempos modernos incorporando la ayuda tecnológica. No alcanza con los sensores implementados en los arcos. Las jugadas de penales y fueras de juego son demasiado decisivas y complejas como para dejarlas a la suerte de una imperfecta interpretación por un vulnerable vistazo rápido.

Todavía resta observar a nuestros representantes. Esperemos que Néstor Pitana, Hernán Maidana y Juan Pablo Belatti, acostumbrados a los partidos complicados del fútbol argentino, puedan ganarse la confianza del consejo arbitral y demostrar (como lo hizo Elizondo ocho años antes) que el arbitraje nacional no es tan malo como se cree.

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