
Dos partidos. Bolivia y Colombia. Un grupo accesible. Un seleccionado repleto de figuras y un país deseoso de disfrutarlas y de festejar después de mucho tiempo una nueva Copa América.
El plan era extraordinario: el equipo argentino desplegaría su fútbol mundialmente reconocido por La Plata, por Santa Fe; para el delirio de su gente, muchos de ellos por primera vez tan cerca de Messi, de Tevez, de Agüero, de Mascherano. No obstante, las cosas no salieron ni remotamente como se esperaba. La ilusión era muy grande. La expectativa por el esperanzador discurso de Batista, también. Y como era de esperarse el reclamo de cambios profundos no se hizo esperar.
En este caso, la constante comparación con el Barcelona resulta más que odiosa. Sin embargo, tener una referencia, un rumbo decidido es fundamental. El Barça es inalcanzable, casi una utopía para la coyuntura argentina; pero respetar la intención, los principios básicos de su estilo de juego engrandece, aunque caer en la frustración y abandonar la identidad que pregona el Checho sea una tentación difícil de sobrellevar.
Es que, jugando de esa manera, se reduce al mínimo la participación del azar y se logra una solidez imbatible. Pero llegar a ese nivel implica sacrificio y un convencimiento y una constancia en el trabajo exhaustivos.
En rigor, en los dos primeros partidos de la Selección la idea catalana no es lo que falló, sino la estéril capacidad de transmitirla de Batista, o bien la suficiencia para asimilarla de parte de los jugadores.
La Argentina arrancó en ambos cotejos con buena circulación de balón, y en vez de afianzarse en esa dirección se fue desdibujando, olvidando los conceptos elementales que se requieren para mantener su idea y, así, entrando en la desesperación.
Quizá la gran expectativa depositada en el plantel -que paulatinamente se convirtió en presión- fue la causante del desorden argentino. Messi pareció desarticulado con sus compañeros de ofensiva y sumado a la falta de armonía en el mediocampo se hizo imposible derrotar tanto a los bolivianos como a los colombianos.
Con vistas a Costa Rica, el equipo debe enfocarse en hacer fluir mejor la pelota en la mitad de cancha y brindarle a Messi la comodidad que pide a gritos. Para ello, solo se necesita movilidad constante de sus compañeros, desmarcarse y convertirse en oferta de pase permanente. Luego, queda en la valoración de Lio la decisión de cuando acelerar para verticalizar.
Cada vez más en el fútbol mundial, el que menos arriesga se lleva el premio. Este equipo está obligado a arriesgar y por lo tanto a realizar el papel más difícil. Un desafío capaz de sortear para esta generación de mega estrellas.
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